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El camino recorrido por un sugus de piña

Libros que merece la pena leer

Despistes

Despistes

Las cosas que uno olvida suelen ser

las que valdría la pena recordar

digamos los ojos de mirar la lluvia

o la casa sin nadie al regresar de un viaje

o el poema perdido en no sé qué obras completas

o la esquina de exilio en que ella estuvo

o el abrazo amigo que ya no estará

por más que se anoten en retina o pañuelos

uno queda vacío de ciertos estupores

de insomnios visitados por la muerte benigna

de piernas de mujer que iluminan la calle

o la virtual resaca del arrepentimiento

o el aliento del perro que nos sigue

así y todo hay etapas que no se borran 

aunque soplen agüeros y tempestades

y derrotas sacrílegas nos apabullen

y el pulso saque cuentas de las urgencias

y sobrevivan huesos y pulpas de la patria

y por qué no la madre y su teta alimenticia

no se borra el cansancio del olvido

ni la frontera en que el rencor acecha

ni el menosprecio que nos rozó la nuca

esos y otros escombros se refugian

en el currículo del alma vieja

(Mario Benedetti, Inventario tres, Poesía 1995-2002)

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La España Civil

La España Civil

Según el autor:

"Este libro pretende dirigir una mirada a nuestro panorama político desde una luz distinta: desde la esperanza. Intento contemplar nuestra historia con una mirada limpia, sin prejuicios, aunque sí crítica con la persistente y cruel persecución de los heterodoxos religiosos, políticos y sociales que han mantenido los poderosos con su intransigencia y su rencor amparados en su idea de sociedad cerrada.          La España civil recoge la mejor tradición de la generación de 1914: de Ortega, de Azaña o de Fernando de los Ríos, sobre el amor a España, una nación abierta y tolerante, la de la rabia y de la idea y no la "zaragatera y triste que ora y embiste cuando se digna usar de la cabeza", en la clarividente descripción de Antonio Machado, y que cifra su patriotismo más profundo en la vida en común, a partir de los valores democráticos y la Constitución y las leyes. Por eso el libro está dedicado a tres españoles que creían en la España civil y que la defendieron a lo largo de su vida: Antonio Machado, Fernando de los Ríos y Manuel Azaña. ¿Seremos capaces de llegar a la meta?" (Gregorio Peces-Barba)

Es un libro que recomiendo leer porque a mí personalmente, me ha hecho reflexionar sobre muchos aspectos políticos y sociales importantes. Coincido con el autor en muchas de las cuestiones planteadas. Me parece una persona inteligente que sabe defender sus posturas con argumentos y no desprestigiando al contrario. Algo que, hoy día, no encontramos muy a menudo.

"Resistirse a la tentación de resolver los conflictos desprestigiando al contradictor con referencias a su vida privada, es evitar ventajas inmorales y defender el juego limpio".

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Los pilares de la Tierra (I)

Los pilares de la Tierra (I)

Aliena volvió a levantar la cara y cerró los ojos. Al cabo de un instante, sintió la boca de él sobre la suya. Abrió los ojos, vaciló y después, nerviosa, metió la lengua en la boca de él. Al hacerlo recordó cómo se había sentido la última vez que lo hizo, en el molino viejo, y se repitió aquella sensación de éxtasis. Se vio embargada por la necesidad de tenerle abrazado, de tocar su piel y su pelo, de sentir sus músculos y sus huesos, de estar dentro de él y tenerle dentro de ella. Sus lenguas se encontraron y, en lugar de sentirse incómoda y notar una leve repugnancia, se sintió excitada al hacer algo tan íntimo como tocar con su lengua la de Jack.

Ahora ambos jadeaban. Él sostenía la cabeza de ella entre sus manos y Aliena le acariciaba los brazos, la espalda y luego las caderas, sintiendo los músculos tensos y fuertes. El corazón le latía con fuerza. Por último, ya sin aliento, apartó los labios.

Aliena lo miró. Tenía la cara enrojecida. Jadeaba y en su rostro se reflejaba toda la intensidad de su deseo. Al cabo de un momento se inclinó de nuevo, pero en lugar de besarla en la boca le levantó la barbilla y besó la suave piel de la garganta. Aliena escuchó su propio gemido de placer. Bajando aún más la cabeza, Jack rozó con los labios el nacimiento de su seno. A Aliena se le inflamaron los pezones debajo del tosco tejido de su camisón de lino al tiempo que los sentía insoportablemente tiernos. Los labios de Jack se cerraron sobre uno de ellos. Aliena sintió en la piel su aliento abrasador.

-Despacio -murmuró, temerosa.

Jack le besó el pezón a través del lino y a pesar de que lo hizo de la manera más suave posible, Aliena experimentó una sensación de placer tan aguada que fue como si le hubiera mordido, y lanzó un leve grito entrecortado.

Y entonces Jack cayó de rodillas ante ella.

Apretó la cara contra su vientre. Aliena sintió de pronto un hormigueo en las ingles. Jack cogió el borde del camisón y se lo levantó hasta la cintura. Ella le miraba temerosa de su reacción, ya que siempre se había sentido avergonzada de tener allí tanto vello. Pero a Jack no pareció molestarle. Por el contrario, se inclinó y la besó suavemente, precisamente allí, como si fuera la cosa más maravillosa del mundo.

Aliena cayó de rodillas frente a él. Ahora ya respiraba entrecortadamente, igual que si hubiese corrido un kilómetro. Le necesitaba terriblemente. Sentía la garganta seca por el deseo. Puso las manos sobre las caderas de él y luego deslizó una de ellas por debajo de su túnica. Aliena jamás había tocado el pene de un hombre. Estaba caliente y duro como un palo. Jack cerró los ojos y dejó escapar un profundo gemido mientras ella acariciaba su miembro con la yema de los dedos. Finalmente, le levantó la túnica e, inclinándose, se lo besó con un suave roce de labios. Tenía la punta tensa como el parche de un tambor, y un poco húmeda.

De repente se sintió poseída por el deseo de mostrarle los senos. Se puso de nuevo de pie. Jack abrió los ojos. Sin dejar de mirarlo, se sacó rápidamente el camisón por la cabeza y lo arrojó lejos. Ya estaba completamente desnuda. Se sentía extrañamente consciente de sí misma, y resultaba una sensación grata. Jack contempló sus senos como hipnotizado.

-Son hermosos -musitó.

-¿Lo crees de verdad? -le preguntó ella-. Siempre me ha parecido que son demasiado grandes.

-¿Demasiado grandes? -repitió Jack como si la sugerencia fuese ofensiva. Tendió el brazo y le tocó el seno izquierdo con la mano derecha. Se lo acarició suavemente. Aliena miraba hacia abajo observando lo que él hacía. Al cabo de un momento quiso que lo hiciera con más fuerza. Le cogió las manos y se las apretó contra sus senos.

-¡Hazlo más fuerte! -le dijo con voz enronquecida-. Necesito sentirte más hondo.

Las palabras de ella le enardecieron. Le acarició vigorosamente los senos y luego, cogiéndole los pezones se los pellizcó con la fuerza suficiente para que sólo le dolieran un poco. Aquella sensanción pareció enloquecerla. Se le quedó la mente en blanco, sintiéndose totalmente embargada por el contacto de sus dos cuerpos...

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