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El camino recorrido por un sugus de piña

A las Madres de la plaza de Mayo

A las Madres de la plaza de Mayo Te busca madre mientras su cuerpo es mecido
por el mar en el que se sumerge dormido.
Sueña tu abrazo, busca recuerdos,
a los que aferrarse para no conciliar el sueño.

El mar se inquieta, es tempestad, lamento.
¿Quién pudo lanzar mil ángeles desde el cielo?
Y oye tus gritos, blancos pañuelos,
cubren sus aguas, los trajo el viento.
Manda una ola para que se lleve
a los traidores que sembraron tanta muerte.

Barcos y naúfragos oyen sus voces.
Les dicen "Nunca, nunca, olviden nuestros nombres".
Díle a las madres que en algún lado,
donde hace falta, seguimos luchando.

Madre, tu hijo no ha desaparecido.
Madre, que yo lo encontré andando contigo.
Lo veo en tus ojos, lo oígo en tu boca,
y en cada gesto tuyo me nombra.
Lo veo en mis luchas y me acompaña
entre las llamas de cada nueva batalla.

Guían mis manos sus manos fuertes,
hacia el futuro, hasta la victoria siempre.
Guían mis manos sus manos fuertes,
hacia el futuro, hasta la victoria siempre.
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1 comentario

Ana -

La “guerra sucia” en Argentina es una de las heridas abiertas de su historia contemporánea. Las Madres de Plaza de Mayo mantienen viva la memoria de miles de desaparecidos, que fueron víctimas de la represión y la intolerancia política en la década de los años setenta. La lucha de este movimiento nos recuerda que los regímenes democráticos sólo pueden prosperar cuando asumen el reclamo social de reconocer y hacer justicia a los crímenes del pasado.
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